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Según el Wall Street Journal, Google planea desplegar un ejército de satélites en órbita baja para ofrecer Internet en áreas remotas del planeta donde hoy es imposible llevar la red de manera convencional, bien con tecnología fija o móvil. Es el último episodio de un culebrón que Google y Facebook han protagonizado en los últimos meses impulsados por la misma premisa: sólo una tercera parte de los habitantes del planeta tienen acceso a la red. 

Google ha anunciado dos iniciativas. La primera es Loon, un proyecto para distribuir conexión a la red en zonas rurales mediante globos aerostáticos. La segunda la compra de la empresa Titan Aerospace, creadores del drone Solara, capaz de mantenerse durante años en vuelo gracias a sus paneles solares. Google, presuntamente, utilizaría estos vehículos para ofrecer cobertura puntual en ciertas regiones. Facebook experimenta también con drones autónomos para su plataforma Internet.org, una iniciativa junto a varias empresas para expandir el acceso a Internet en regiones en vías de desarrollo.

El espacio es la siguiente frontera lógica para ambas compañías. Estos globos y aviones pueden cubrir áreas locales con eficiencia y sin que sea necesario desplegar una infraestructura de telefonía móvil. El problema es que el área que cubren es limitada. En el caso de Solara, por ejemplo, es equivalente a unos 17,800 kilómetros cuadrados. Los satélites de baja órbita, en cambio, pueden cubrir regiones mucho más amplias, aunque con un acceso de menor velocidad. Lo más probable, especulan varios expertos, es que la solución final utilice ambas aproximaciones de forma complementaria. 

Pero la pregunta es si estas inversiones acabarán siendo rentables para estos gigantes. El futuro de ambas compañías depende de que haya más ojos a los que mostrar publicidad o vender servicios así que impulsar el uso de la red en áreas remotas es en principio una inversión con sentido. 

De esas dos terceras partes del planeta que aún no están conectadas, sin embargo, una porción significativa corresponde a pequeños núcleos urbanos en India o China a los que resulta económicamente viable llevar una conexión a través de métodos convencionales. El resto está tan diseminado que complica la tarea . Varias voces, además, se muestran críticas con la idea. Algunas comunidades en vías de desarrollo tienen problemas mucho más serios que la conexión a la red. Bill Gates, en 2013, apuntaba en esta dirección el pasado año en una entrevista con Bloomberg. “Cuando un niño tiene diarrea, tener acceso a la red no soluciona el problema”, opinaba. 

Los defensores de estas iniciativas, sin embrago, suelen argumentar que con el acceso a la red llega también una mejor cobertura sanitaria, educación y los ingredientes necesarios para acelerar las economías locales. Sin acceso a la red, estas regiones estarán tan perdidas como sin médico o sin maestros.

Fuente: elmundo.es
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La carrera por conectar el planeta

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