Un pueblo llamado Facebook

Mark Zuckerberg confía en el arquitecto Frank Gehry para crear la macrosede de su empresa, en la que invertirá 176.000 millones de euros


Mark Zuckerberg y el arquitecto Frank Gehry en 2010. / REUTERS

Si Mountain View es la ciudad de Google, Mark Zuckerberg se ha propuesto que Menlo Park, pocos kilómetros al norte de Silicon Valley, lo sea de su red social. El macrocampus que proyecta el fundador de Facebook, diseñado por el arquitecto, Frank Gehry,comienza a tomar forma.

Ahora mismo solo está construido un 20%. Algunos técnicos saben que en cuestión de meses trabajarán al otro lado de la carretera, pero lo tendrán fácil. La maraña de carreteras estará conectada a través de varios puentes para peatones que esquivarán el tráfico.

Visitar su campus actual es una experiencia similar a poner un pie en un parque temático infantil, pero dedicado a la tecnología. El edificio 15 da la bienvenida a los visitantes. Allí esperan dos mozos dispuestos a aparcar el coche. No lo ven como un lujo, sino una forma de potenciar la eficiencia. En contra de la costumbre local, no aceptan propina. En la plaza central, que simula la de un pueblo, una pantalla gigante donde estaría el supuesto Ayuntamiento anuncia los eventos venideros. Debajo, en una especie de pecera, Zuckerberg tiene su improvisada oficina. En realidad es una sala de reuniones que da a la calle, donde se le ve en todo momento. Ningún jefe tiene despacho. En los cristales, una simpática advertencia que se respeta con naturalidad: “No alimentar ni hacer fotos de los animales”. Cerca, una barbacoa se prepara para servir a mediodía. En el Hacker Way, la calle que divide los dos hileras de edificios, se puede entrar en la sala de música para desconectar, ir a crear pósters en la imprenta o disfrutar de una tarde de bricolaje, previo curso de seguridad, entre seguetas, maderos y radiales.

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Las opciones para comer son variadas: desde un granero, como lo llaman en clave de broma para las ensaladas hechas con hortalizas criadas en los aledaños, a una pizzería y una cadena de hamburguesas fast food de alta calidad que no existe fuera de este complejo.

Multiplicar por cuatro la magnitud de esta incipiente ciudad artificial le costará 200.000 millones de dólares (algo más de 176.000 millones de euros). El total de este complejo con hoteles y residencias para sus trabajadores será de 80 hectáreas. La maqueta del reconocido arquitecto canadiense deja al descubierto un pueblo de 21 edificios, todas naves diáfanas salvo los designados para dormir.

Aunque el proyecto se ve con buenos ojos en Menlo Park por la riqueza que los empleados de la red social atraen a la zona, comienzan a escucharse algunas voces críticas. John Tehanes, director de la construcción, trata de aplacarlas: “Sabemos que no debemos hacer un campus corporativo sin más, sino que la integración con la comunidad será clave. Facebook va a seguir creciendo y tenemos que estar preparados, así como respetar a los vecinos”. Desde su nacimiento hace 11 años en un dormitorio de la Universidad de Harvard, Facebook cuenta con 9.199 empleados en más de 60 oficinas.

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Una ingeniera venezolana de 34 años lidera en Silicon Valley los laboratorios de comprensión de lenguaje a través de la voz del gigante tecnológico

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“Ok, Google” es una frase que cada vez se repite más para hablar con las máquinas. Es la manera de activar el sistema de comprensión de lenguaje de las gafas del gigante tecnológico, las famosas Google Glass, como en los móviles más avanzados y sus primeros smartwatches (relojes inteligentes). Basta con pronunciar esas dos palabras para poder comunicarse con los aparatos con lenguaje natural. Basta con pedir que diga el tiempo que hará en la ciudad para acceder a él, por ejemplo. Su tecnología permite que solo con la voz se haga una foto, se mande un SMS diciendo que se llega tarde a una cita, que se dicte un correo mientras se conduce de vuelta al trabajo, o pedir que nos guíe hasta una dirección, giro a giro, sin tener que quitar los ojos de la carretera.
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La empresa hace digital la documentación de empresas, particulares y Gobiernos

Se adelantaron a su tiempo, pero fueron capaces de resistir hasta la explosión de su idea. No suele darse. Docusign nació en 2003. Su actual consejero delegado, Keith Krach, llegó en 2011, justo con la explosión de móviles y tabletas para adaptar la compañía. Estos soportes ya son el 90% de su negocio. El hecho de que Google los apoyase con una inversión a través de Venture, su firma de capital riesgo que acaba de anunciar su aterrizaje en Europa, atrajo a más fondos. Desde entonces han conseguido 210 millones de dólares para financiar su idea, dejar de lado los papeles.

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