¿Por qué un iPhone cuesta 47.600 dólares en Venezuela?

Una empleada de limpieza, en la sede del Banco Central de Venezuela. / MIGUEL GUTIÉRREZ (EFE)

María Verónica Fernández fue a ocho comercios de Caracas para agregar su nombre a una lista de espera para comprar un teléfono móvil que ni siquiera le gusta. Después que le robaron su Samsung Galaxy S4 a punta de pistola en mayo, Fernández, de 24 años, inició un peregrinaje por las tiendas que los venezolanos conocen demasiado bien, en un país que tiene la inflación más alta del mundo, escasez crónica de alimentos y alta delincuencia.

“Es la misma sensación de impotencia como cuando uno tiene que ir a tres o cuatro supermercados en busca de papel higiénico o aceite o harina”, dijo Fernández. Tras varias semanas de espera, compró un Samsung Galaxy Fame, un teléfono más simple con menos funciones. “Por lo menos, si me lo roban, no me dolerá tanto”.

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Google entiende gracias a Carolina

Una ingeniera venezolana de 34 años lidera en Silicon Valley los laboratorios de comprensión de lenguaje a través de la voz del gigante tecnológico

Carolina Parada en el edificio dedicado a Android en la sede de Google. / R. J. C.

“Ok, Google” es una frase que cada vez se repite más para hablar con las máquinas. Es la manera de activar el sistema de comprensión de lenguaje de las gafas del gigante tecnológico, las famosas Google Glass, como en los móviles más avanzados y sus primeros smartwatches (relojes inteligentes). Basta con pronunciar esas dos palabras para poder comunicarse con los aparatos con lenguaje natural. Basta con pedir que diga el tiempo que hará en la ciudad para acceder a él, por ejemplo. Su tecnología permite que solo con la voz se haga una foto, se mande un SMS diciendo que se llega tarde a una cita, que se dicte un correo mientras se conduce de vuelta al trabajo, o pedir que nos guíe hasta una dirección, giro a giro, sin tener que quitar los ojos de la carretera.
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